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01/03/2010

Confutatis

Confutatis

Las ideas se apelotonan en mi cabeza cuando me dispongo a entrar en el duro, duro asunto de la adicción. Etimológicamente, adicto viene del latín y significa “condenado”. Lo dice la misa de Requiem del rito católico: “Confutatis maledictis flammis acribus addictis”, es decir, “Rechazados los malditos, condenados a las crueles llamas”. No sé si se sienten ustedes muy identificados. Yo, en absoluto.

En una ocasión, participé en un debate en la facultad de medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, con dos narices, rodeado de médicos antis, médicos fumadores (el colectivo profesional más “adicto”, por cierto) y estudiantes de medicina. En el desarrollo de la mesa redonda, surgió el tema de la adicción al tabaco y de su clasificación como droga.

El doctor Carlos Jiménez Ruiz, presidente de la Sociedad Española de Expertos en Tabaquismo (SEDET), explicó cómo el potente alcaloide que es la nicotina actuaba en las conexiones neuronales y lo hizo de manera muy técnica, como para dejarme fuera de juego, cosa que consiguió. Yo no soy médico, ni químico, y oigo sus palabros como repiquetea la lluvia en el cerramiento de aluminio de mi casa. Para mí, es otro idioma. No pillo ni una. ¡Ay, amigos! Pero, después, desplegó en román-paladino una serie de argumentos basados en estudios científicos, de estos que se hacen en la Universidad de Jarvar-cete y que son incontestables, para los que yo sí tengo contestación.

Yo nunca he creído en los científicos que defienden verdades universales, eso que empiezan sus frases con “Está demostrado…”. Demostrado no hay nada. No sé ustedes, pero siempre he creído que dudar de lo dicho, el revisionismo, la destrucción de axiomas, son los principios básicos del progreso de la sabiduría humana. “El dudo, luego existo” de Descartes (“Cogito ergo sum”, no significa “Pienso luego existo). Digamos que es como dar un pequeño paso atrás para coger más impulso.

El doctor aseguró, entre otras beldades, que la nicotina era tan potente que una persona se convertía en adicta, “condenada”, desde el primer cigarrillo, porque su poder de adicción era superior al de la heroína y la cocaína.

Estos señores dicen estas cosas y se quedan tan anchos, pero yo, que soy un ignorante, pero vivo en la realidad, sé que todo eso está muy lejos de la verdad. Respondí con un principio básico de toxicología que es “No hay veneno sino dosis”, lo cual causó un pequeño rumor de desaprobación, pero, puestos a soltar axiomas, este me parecía mucho más acertado.

Quería decir que el arsénico, ese potente veneno, se emplea en menor dosis para curar. Quería decir que la nicotina se administra en miligramos, mientras que las otras drogas se venden en gramos, luego la comparación no había lugar ni por motivos toxicológicos ni por motivos, sobre todo, sociales. Yo no conozco a ningún fumador que, en pleno síndrome de abstinencia y sin posibilidad de obtener su “dosis”, haya atracado un estanco. La mayor tontería, el mayor delito cometido por un fumador con el mono del que yo tengo conocimiento es del estilo de echarse un pitillo en el servicio de un avión (algo que desapruebo).

Pedí que se hiciera un análisis certero de la realidad del tabaco en España, haciendo especial hincapié en las derivadas sociales del consumo de drogas (mafias, delitos, dinero negro, productos adulterados) frente a los beneficios sociales del tabaco, que no es una droga porque la vende el Estado, paga 9.500 millones de euros al año, los laboratorios centrales de aduanas y del ministerio de Sanidad llevan un riguroso control de sus contenidos… Vamos, que no es lo mismo.

Y sí, ambas producen adicción, pero mientras que los ex fumadores, con más o menos esfuerzo, son ya casi un 30% de la población, a un pobre yonqui hay que atarlo a la cama para que pase el mono. ¿Cómo podemos creer, así, porque nos lo diga un señor de bata blanca, que somos meros trozos de carne a expensas de la nicotina?

Yo no creo en eso, ¡por favor! Creo en el hábito, es decir, en la dependencia psicológica (potente, eso sí) más que física del cigarrillo y, por eso, hay fumadores sociales, personas que sólo se fuman un cigarrillo, de vez en cuando, cuando salen, y que no se convierten inmediatamente en adictos, en “condenados”, como pretenden hacernos creer. Es una dependencia como la del juego, por poner un ejemplo duro (que nadie crea que estoy tratando de minimizar nada). La ludopatía engancha, sin necesidad de un principio activo, ¿cierto? Aunque nadie se arruina fumando (de momento).

Pues en el tabaco, hay mucho de este componente psicológico y un poco, muy poco, de dependencia física, lo que explica que un fumador que lo está dejando a pelo tenga mal carácter, sí, pero no llegue nunca a hacer una estupidez empujado únicamente por su adicción. Sólo una doctora, una, me apoyó. El resto, será por razones comerciales, pretendía parchear a todos los fumadores de España.

Si la nicotina es el problema, démosles nicotina, parecían decir. Pero la nicotina no es el problema. La nicotina es un alcaloide que está presente en muchos otros alimentos, casi todos de origen vegetal. ¿Lo sabían ustedes? ¿Conocen a alguien adicto a las nueces? ¿A la berenjena? ¿Al brécol? Son todos ellos fuentes alimentarias de nicotina.

Yo no quiero negar la adicción al tabaco. Es dura de vencer, sin duda, pero se puede superar con fuerza de voluntad y firme decisión. Sin estos dos elementos, ya puede usted comerse todos los chicles de nicotina del mundo, que no dejará de fumar. Y si un médico no le dice esto, olvídelo, no quiere que usted deje de fumar. Quiere que compre parches.

Afirmar, como ellos hacen, que tú, fumador, actúas como actúas por culpa de una dependencia física, te convierte en un trozo de carne, una persona privada de su libertad que está pidiendo a gritos ser salvado. Ellos son los que vienen a salvarte. Les voy a completar la frase del principio para que lo vean bien: “Confutatis maledictis, flammis acribus adictis, voca me cum benedictis”. (“Rechazados los malditos, condenados a las crueles llamas. Llámame con los benditos”. Los malditos sois los fumadores.

Javier Blanco Urgoiti
Portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia.

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Comentarios

Alacaída 11/03/2010
Nada más lejano, como dice Javier, el significado de una palabra latina y el que puede haber tomado en su "castellanización". Pensemos para qué usamos hoy en día "extra" y... en poco se parece a veces al latín. Y subscribo casi todo lo dicho por paloma, porque un libro no es precisamente algo "malo"... y yo, como otros muchos/as, soy adicto a los libros. Pongo énfasis en esto: "a los libros" (no a la lectura). Me encanta leer y escribir, pero si leo en una pantalla... ¡no leo! ¡No me entero! Soy adicto a paredes llenas de estanterías llenas a su vez de libros leídos y por leer... y hasta repito alguno ¿Esto es malo doctores? ¿Habrá que inventar la enfermedad "librismo"? ¿Os parece este un comentario cínico? ¡Pues ya sabéis lo que pienso yo de "tabaquismo"!
invitado 03/03/2010
Aaayyy... qué bajo, editar la entrada para borrar el bulo cuando te lo han pillado (por lo menos, lo reconoces)... Sabiendo esto, me pregunto qué crédito merecerá el resto de tu discurso; el cual, por cierto, contiene argumentos que, leídos por una mente lúcida, se caen por su propio peso.
Javier 02/03/2010
¡Qué facilón me lo has puesto, Ramón! La nicotina como bien sabes es un alcaloide y no puede tener un ácido en su estructura (alcalis es básico no ácido). La niacina y niacinamida vienen de la metabolización del triptofano que es un aminoacido fundamental. Así que no hay ningún tipo de relación entre la vitamina B3 y la nicotina. Eso sí, aunque firmes como invitado, has caído. Por cierto, revisa la fórmula de la niacina, que la has puesto mal y dale recuerdos a Juan de mi parte.
invitado 02/03/2010
Fórmula química de la nicotina: C10H14N2 Fórmula química de la niacina: C6H6N2O ¿Idénticas?
paloma 02/03/2010
En primer lugar quiero decir que comparto todo lo que he leído en el enunciado. Añadir que el tabaco era una planta sagrada en culturas preoolombinas y que tenía (tiene) su dedidad asociada... Como toda planta sagrada fue "donada" a los hombres al igual que el maiz o el trigo, por ejemplo... Hay ceremonias, incluso hoy en días en que se rescatan tradiciones en las que el tabaco, fumado dentro de un ritual, es un elemento importante. El tabaco, según se contaba, en mis primeros tiempos de estudiante, estaba asociado a la potencialización de ciertos elementos intelectuales. Y yo empecé a preguntarme... ¿es por esto que "sesudos" caballeros y damas que pueden enclavarse dentro del calificativo de "intelectual" han sido (o son) afectos a la inhalación de esa plantita por sus posaibles efectos ..o solo por pose tal como la bufanda y la barba (en los varones) de la progresía cuando yo era un aprendiza de adolescente? Todas las sociedades han tenido (y tienen) sus plantss inhaladas, fermentadas y bebidas en distintas circuntancias de celebración. A lo mejor, el problema no es solo del tabaco, tal cual., sino de todos los aditivos con los que se le adereza. A lo mejore el problema no es el "uso" el tabaco, sino el abuso... como en todo, Hablando de toxicidad...: ¿Por qué defender "solo la esclusiva del tabaco y no de la multitud de elementos -y no solo derivados vegetales- que afectan a nuestra vida cotidiana, desde la comida, al aire que respiramos? Y hablsndo de adicciones... No me voy a extender sobre causas directas o inderectas de mortalidad, tan queridas de los nuevos "moralistss" (en el sentido de costumbres de turno) sino de la adicción y sus múltiples derivados en cuanto al objeto de elección del que cada adicto depende. Por citar unos cuantos: -Al cuerpo "fetén". -A los liftings y similares. -A las dietas que anuncian ese cuerpo "fetén". -A las parejas (o a los ligues). -Al trabajo. -Al éxito. -A las posesaiones y al consumo en general. -A los seriales y juego en particular. -Al chateo. -Al móvil. -Al sexo por internet. -Al sexo además de internet. -A los dulces, cafés y otras bebidas que ae anuncian por ahí como refrescos. -A las compras. -Al fútbol (presenciado) y hastsa el footing (practicado). -A las novenas" (Más antes que ahora, todo hay que decirlo) Etc. etc. Toda atracción y toda pasión, al extremo, es una adicción.

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