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05/04/2010
Cordura y sensatez
A comienzos de año el Sindicato de prisiones (Acaip) explicó cómo prohibir el tabaco, el café o los refrescos en cualquier cárcel del país sería toda una bomba de relojería que podría explotar en cualquier momento. Los centros penitenciarios y psiquiátricos serán unas excepciones respecto a la propuesta de prohibición de fumar en cualquier espacio público, aduciéndose razones humanitarias.
El razonamiento que vale para la gente libre, no vale para los presos, y el que vale para los camareros, al parecer, no vale para los funcionarios de prisiones.
Al igual que consideramos que la solución no pasa por una prohibición absoluta de fumar en todo espacio público, el sentido y la razón nos ponen de manifiesto que la solución tampoco estará en delinquir para poder fumar en los únicos espacios públicos que pretende permitir la ley, a pesar de que a los fumadores se nos mire ya como a unos delincuentes -¡y de los delitos graves!-
En caso de llevarse a cabo la reforma de la Ley hasta sus últimas consecuencias, no se vds. pero el que escribe se sentirá como un delincuente reducido a su hogar por el hecho de ser fumador, preso de la nueva Ley. Me niego a creer que ésta sea la finalidad de la Ley. Cordura y sensatez.
