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30/06/2010
De mentiras, malditas mentiras y estadísticas
Con permiso de un premio Nóbel de Literatura, un político de otra casta, un hombre tan genial que ganó la peor de las guerras y perdió las elecciones. Winston Churchill dijo, en otra de sus frases geniales: “Hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”. Goebels, ese monstruo (de la propaganda), dijo otra muy buena: “Una mentira repetida cien veces acaba pareciendo una verdad”, aunque no sea más que una maldita mentira.
Si unimos ambas frases nos acercamos a muchas de las cifras que se están soltando al viento en este debate sobre el tabaco que ha suscitado el Ministerio de Sanidad con su prohibición total de fumar en todas partes, impuesta a la fuerza con la ayuda de mentiras, malditas mentiras y estadísticas que repetidas cien veces acaban pareciendo verdades.
Hay por ahí una plataforma que tiene la poca vergüenza de salir a la palestra anunciando que cuenta con dos millones de apoyos a favor de la prohibición total de fumar en hostelería. Lo dicen muchas veces, muchas, muchas, más de cien, a ver si con eso acaba pareciendo que es verdad, pero lo cierto es que cuando entras en la plataforma, tienen 18.000 firmas. El Club de Fumadores por la Tolerancia se acerca ya a las 500.000 firmas, con nombre, apellido y DNI, pero a ellos no les basta con decir su mentira (que por desgracia, cuela muchas más veces de las que sería bueno), es que, además, intentan llenar de fango la verdad: que por cada persona de este país que ha dado su apoyo a la prohibición total de fumar, casi 28 han dicho que no están de acuerdo… Si fuera una votación: 4% a favor de la prohibición, 96% en contra.
Estos mismos, sin decir cómo lo han calculado, sin desglosarlo, sin citar el estudio, ni con qué método se ha hecho ni quién ni pagado por quién, salen a los medios a decir que el gasto sanitario del tabaco son 15.000 millones anuales. Con dos narices. Uno de ellos, en la radio el otro día, pretendió zanjar el asunto con su coletilla clásica, que sólo usan los malos científicos: “está archidemostrado y esa cifra ya nadie la discute”.
-- ¡No! ¡Qué va! Porque lo diga usted. Yo la discuto.
Al menos hasta que vea el estudio del que la han sacado, aunque algo de su método me barrunto: como el Club de Fumadores por la Tolerancia lleva años dando la cifra de impuestos que pagamos los fumadores, que no es un estudio ni una estimación ni un cálculo, sino que es una entrada contable en los Presupuestos Generales del Estado que, además, se puede consultar en la web de la Agencia Tributaria (de donde la sacamos nosotros), y este año han sido más de 10.000 millones de euros, pues estos tipos se reúnen en concilio y acuerdan que, para amortiguar esta verdad indiscutible, porque figura en los libros, hay que sacar una cifra superior que demuestre que el Estado no gana dinero con el tabaco sino que, al contrario, lo pierde.
Y se han puesto a sumar hasta las facturas del tinte de la vez que un fumador, por encenderse un pitillo, le dio un golpe con el codo al café del que estaba al lado (fumador también) y le puso de domingo. Lo suman todo, hasta lo que no se puede sumar, y salen con sus batas blancas, con la ministra del ramo al lado para darle peso a la declaración, y lo sueltan, no una vez, ni dos… Lo dicen cien veces, a ver si así, esta estadística acaba pareciendo una verdad.
Lo malo es que lo logran muchas más veces de lo que sería bueno para un debate leal sobre la verdad del tabaco.
Si aplicamos a esta cifra la misma regla de tres que usan para sus firmas, que multiplican la verdad por 111 (son 18.000, pero dicen que son dos millones), tendríamos que el gasto sanitario que, en verdad, les sale es de… No quiero decirlo, para no caer en la misma demagogia que ellos. De este tema no se habla, porque es contrario a la democracia andar contando cuánto cuesta curar a la gente, independientemente del motivo por el que enfermen. La sanidad es un derecho constitucional para todos y nadie tiene derecho a juzgar ni a contar cuánto cuesta curar a los que han elegido un camino legal para su vida, sea el tabaco o sea hacer puenting o llevar una vida licenciosa. ¿Quién tiene derecho a juzgar eso? Nadie, aunque hay quien se cree con derecho: los actuales fariseos y maestros de la ley.
Eso sí, para que vean que los fumadores también sabemos sumar, diré que a los 10.000 millones de euros que ponemos cada año por los impuestos especiales del tabaco hay que sumarle que un tercio de toda la Sanidad Pública española la pagamos los fumadores, un tercio de la población, con nuestros impuestos. Esa parte, ya que se trata de sumar, vayan sumándola también.
Pero el mayor caso de estadística, ese tercer estadio de la mentira que, repetida cien veces acaba pareciendo una verdad, es la de “a una subida de precio del 10% le corresponde una bajada del consumo del 3%”. Es el colmo de la falacia, sobre todo porque el precio del tabaco ha subido en los últimos quince años un 300%... ¡Se ha multiplicado por cuatro! Y, a esa subida del 300% no le ha correspondido una bajada en el consumo del 90%. La realidad es así de testaruda, pero ellos lo siguen diciendo: claro, como ellos no compran tabaco, no saben lo que cuesta.
El otro día, una doctora, en un debate, soltó esta estadística y yo, claro, inmediatamente, contesté que la realidad nos indicaba que esa frasecita no funcionaba. Entonces ella me habló de euros constantes y euros corrientes y que estaba demostrado que en euros constantes (los que se calculan en relación con la subida del nivel de vida para tener un euro intemporal), esa subida de precio era de TRES CÉNTIMOS. Señores fumadores: el tabaco ha subido en quince años en España TRES CÉNTIMOS.
Por suerte o por desgracia, justo el día antes había subido el precio de los cigarrillos VEINTICINCO CÉNTIMOS. No se necesita ni calcularlo en euros constantes. Son 25 céntimos de ayer y en una cajetilla que vale 3'50 euros es una subida del 7%. ¿Tenemos una inflación del 7% este año? ¿A alguien le ha subido el sueldo un 7% este año? Que se lo digan a los funcionarios fumadores: el tabaco un 7% más caro y su sueldo un 5% más bajo, en el mismo mes.
Hace unos cuantos años, un europarlamentario griego, Giorgios Katiforis, socialista, envió un informe (el llamado “Informe Katiforis”) al Parlamento Europeo en el que explicaba que si se subía el precio del tabaco demasiado, lo que iba a hacer el fumador es comprarlo en el mercado negro, que subir el precio del tabaco a golpe de impuestos, lejos de bajar el consumo, promociona el contrabando y la proliferación de tabaco falsificado, unos cigarrillos que no sólo no pagan impuestos en Europa, sino que, además, no pasan ningún tipo de control por parte de las autoridades sanitarias, fomentan la delincuencia y el crimen organizado. De esos Winston de Batea nos llegaron los Oubiñas y los Charlines. Esta lacra viene remozada, ahora, con las falsificaciones chinas. Yo he visto una cajetilla falsa al lado de una auténtica y os aseguro que, si no es por la luz ultravioleta, no se distingue en nada a primera vista. Eso sí, en 2008 la Guardia Civil analizó el contenido de unos cigarrillos falsificados y, entre otras cosas, se encontró excremento de conejo y remolacha.
A este señor Katiforis no le hicieron ni caso, a saber por qué, y hoy esos países que los no nombrados en esta entrada, pero presentes en todo momento en ella, ponen de ejemplo por el precio de su tabaco, tienen el problema de que el 30% de sus mercados de cigarrillos están copados por el tabaco falso y de contrabando, que no paga los abusivos tributos que sus estados imponen a los fumadores. El Reino Unido, Irlanda y Francia son buenos ejemplos de esto, pero no se crean que todo lo que va a estos países se compra en los estancos españoles. ¡Ojalá! Al fin y al cabo, tendríamos ejércitos de turistas comprando tabaco legal, fabricado en Europa y tributando, al menos, en un país de la UE. Mucho de lo que llega a estos países es ese tabaco falsificado que llega de China, pasa por España (según la OLAF - Oficina Antifraude Europea- el nuestro es un país “tránsito” de contrabando, no “destino”) y va a parar a esos mucho más onerosos mercados: los contrabandistas saben que la libre circulación de personas y mercancías en la UE proporciona cierta impunidad y que un poco más de riesgo significa un pellizco mucho más sustancioso: ¡en Irlanda y el Reino Unido hay cajetillas a 8 euros!
Para clamar por la subida del precio del tabaco en España, los que sostienen que cuentan con el apoyo de dos millones de personas cuando en verdad sólo tienen 18.000 firmas, además de la formulita esa que, aseguran, han sacado del Banco Mundial (recuerden: 10% más de precio = 3% menos consumo), como si el Banco Mundial no conociera la extraordinaria rigidez de la demanda en el mercado de cigarrillos, ponen el grito en el cielo porque “España es el estanco de Europa”. Dicho por ellos, que son como sepulcros blanqueados, suena un poco a que “España es la casa de lenocinio de Europa”, como si ser estanquero fuera algo de qué avergonzarse, es una profesión que no tiene más que desventajas entre las que, no lo olvidemos, está la de trabajar en un mercado cerrado por el Monopolio Estatal de la Venta Minorista de Tabaco. Estos señores se creen que si se prohíbe fumar en las discotecas y el Estado subvenciona, por fin, los tratamientos sustitutivos, los fumadores, en vez de salir a la calle a fumar, se quedarán dentro mascando chicles de nicotina. Pero se equivocan. Los fumadores van a salir a la calle y ¿qué se van a encontrar en la puerta? A un tipo con una mesa plegable ofreciendo bocadillos, copas de lata y cigarrillos falsos a mitad de precio, porque el contrabando y los cigarrillos falsificados existen en España, pero, de momento, no para aquí.
Ojalá, insisto, todos los europeos vinieran a España a comprar su tabaco, pero algunos vienen a España a ponerse por la patilla los marcapasos que sus sanidades estatales no les pagan.
Supongo que esos marcapasos irán también a la cuenta de los fumadores.
Javier Blanco Urgoiti
Portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia.
