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22/01/2010
En Italia, se fuma
Se me saltan las lágrimas cuando leo a mi admirado Quim Monzó caer en contradicción tan rápido, en apenas una frase. Dice en su artículo “El fin del mundo se acerca”, publicado en La Vanguardia, en referencia al cierre de bares en Irlanda por culpa de su Ley Antibares: “…eso de comparar el comportamiento de los ciudadanos de dos estados tan diferentes es patillero” para, inmediatamente, compararnos con Italia.
Porque compararnos con Italia no es “patillero”. Aparte de que el recurso al tópico no es digno de un intelectual como Monzó (eso de que los italianos son latinos como nosotros es una generalización tan absurda como decir que Cádiz y Gerona son lo mismo porque son latinos), resulta que la comparación con Italia no ha lugar porque en Italia no hay una prohibición total de fumar en hostelería. Los restaurantes italianos no han padecido una ley antibares como la que nos anuncia Trinidad Jiménez. Su ley les da la posibilidad de habilitar un espacio para fumadores de hasta el 50% de la superficie, lo que garantiza que fumadores y no fumadores tengan su derecho respetado al mismo nivel. Otra cosa distinta es que los hosteleros en Italia hayan decidido, en su mayoría, no acometer obras de reforma lo que es muy respetable porque sí entra dentro de su libertad empresarial. Y lo que son las cosas, yo también estuve el año pasado en Italia, en Venecia y, ¿saben qué? Fumé en varios locales. Perdonen, pero ésa es mi experiencia.
En el fondo, Monzó tiene razón. Resulta “patillera” cualquier comparación de la hostelería española con la de cualquier otro país, no ya de Europa, casi del mundo. Sólo en el Clot de Barcelona o en el barrio de Chamberí de Madrid ya hay más bares que en toda Suecia… ¿Cómo lo vas a comparar? ¿Cómo vas a comparar la vida nocturna de Helsinki, que acaba a las tres de la tarde, con la de Valencia, que muchos días de entre semana empieza a las dos de la mañana? ¿Cómo vas mínimamente a comparar la tradición de tapas que tenemos en España con el tupper del lunch británico? Es verdad, Monzó: cualquier comparación es, más allá del topicazo, odiosa.
Este año voy a tener la suerte de ir a Trieste, voy a visitar el Castillo de Duino, pisar la tierra de Svevo y el lugar sagrado donde Joyce fermentó su “Ulyses” y, ¿saben qué? Que si busco bien, apuesto a que encontraré a un empresario de hostelería que, sin menoscabo del derecho de ningún no fumador, me ofrezca un servicio a mi gusto. Es decir: fumando sin molestar a nadie. Porque en Italia se fuma y aquí no estamos hablando de tabaco, sino de libertad.
Javier Blanco Urgoiti
Portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia
