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05/04/2011
Historia de Manuel Patarroyo
Larga transcripción del programa "La rosa de los vientos", de Onda Cero, del 4 de abril de 2011. Merece la pena leerlo. Si quieres oírlo, en vez de leerlo, este es el link http://www.ondacero.es/OndaCero/La-rosa-de-los-vientos/audios/2166771
“Cambiamos de tercio para hablar de un personaje verdaderamente sorprendente, verdaderamente llamativo, e interesante, como es el científico colombiano Manuel Patarroyo. Un hombre cuya búsqueda del bien común a través de la investigación científica ha dado muy buenos resultados, pero su caso, su biografía, los datos que ahora vamos a contar nos muestran a las claras a veces como puede llegar a ser el poder de una industria que ha tenido bastantes críticas en los últimos lustros: la industria farmacéutica y las instituciones internacionales dedicadas al mundo de la salud”.
RÁFAGA: La Cara B
“El científico colombiano, Manuel Elkin Patarroyo, ha dado a conocer esta misma semana la fórmula podría permitir la creación de vacunas contra 517 enfermedades infecciosas. El hallazgo ha sido dado a conocer por una revista científica. Su trabajo ha superado todos los análisis y controles. Cientos de millones de personas podrían salvar sus vidas gracias a este descubrimiento. Es uno de los más esperanzadores de los que se han producido en los últimos años.
Malaria, dengue, lepra, tuberculosis, SIDA, muchas de estas enfermedades podrían vencerse en un futuro gracias a este trabajo, gracias a esta fórmula, y millones de personas, como decimos, podrían salvar sus vidas, especialmente en los países más pobres, porque es en ellos en donde dichas enfermedades se cobran más muertos.
El descubrimiento no ha tenido todo el impacto que se podría esperar. Para descubriros el porqué de esta historia de la lucha de Patarroyo, profundizaremos en su vida, en su obra, en sus enemigos…
Nació en Colombia, en 1946, estudió medicina en la Universidad Nacional de aquel país y se doctoró por la Universidad Rockefeller de Nueva York. Es el fundador del Instituto de Inmunología de Colombia, el centro en el cual ha intentado desarrollar vacunas sintéticas contra algunas enfermedades graves e infecciosas. Desde sus primeros años de trabajo, centró gran parte de su esfuerzo en intentar controlar y vencer a la malaria, enfermedad a la que están expuestos 900 millones de personas, entre uno y tres millones mueren anualmente como consecuencia del mal transportado por el mosquito anófeles.
A comienzo de los años 80, sus estudios en América Latina y en África, con diferentes ensayos realizados en animales y personas, fueron cobrando cuerpo y dieron resultado: SPf66, así denominó científicamente a la vacuna. La presentó en 1993. Los resultados de las pruebas eran esperanzadores: por término medio la vacuna ofrecía un 30% de inmunidad. Luego el resultado fue mejorando hasta superar el 50%. Poco a poco, la posibilidad de desarrollar una vacuna sintética que ofreciera amplios resultados fue creciendo.
Cuando presentó sus resultados, calificados de fantásticos, recibió una inmensa oferta por parte de una multinacional farmacéutica: le ofrecieron 74 millones de dólares por la patente. Él rechazó la oferta y con el objeto de evitar que nadie se lucrará la donó para la humanidad públicamente y a través de la Organización Mundial de la Salud. Entre las exigencias a la institución estaba el hecho de que fuera fabricada en Colombia y que en ningún caso el tratamiento por persona superara un dólar. Patarroyo no estaba dispuesto admitir que nadie sacara un beneficio de aquello… Y aquí empezó el calvario y las injusticias.
La Organización Mundial de la Salud decidió no comercializar la primera vacuna en espera a que los resultados siguieran mejorando. Pero Patarroyo consideró que la institución estaba frenando el acceso a la vacuna para millones de personas. Eso sí, sin rendirse siguió trabajando y supero el 70% de efectividad y siguió incrementando resultados.
Al tiempo varios estudios patrocinados por empresas farmacéuticas pusieron en duda sus hallazgos, e incluso algunos de los científicos que trabajaron con él pasaron a formar parte de otro equipo. Así las cosas, las investigaciones del otro equipo, que partieron de sus estudios, se granjearon el apoyo de la Organización Mundial de la Saludy le dieron otro nombre a la vacuna, RTS SA 024, la patente entonces fue adquirida por una empresa farmacéutica: Glaxo Smithkline.
A diferencia de lo que hizo Patarroyo, los científicos que desarrollaron esta vacuna no la cedieron a la humanidad sino a esta empresa que conseguiría los derechos por la patente durante 20 años. Para financiar los estudios, el propio Bill Gates tomó partido y, a través de su fundación, desarrolló los trabajos de investigación y pese a que la efectividad de esta vacuna no era más alta, los beneficios que podría generar sí lo eran.
Así la vacuna de Patarroyo siguió durmiendo el sueño de los justos y los acuerdos por la nueva patente se ajustaron. Se impedía así desarrollar la vacuna en forma de medicamento genérico. Los países que decidieran comprarla cuando estuviera definitivamente aprobada deberían pagar el precio de mercado.
Los problemas del Instituto de Inmunología de Colombia fueron a más en 2001. El callejón sin salida en el que se encontraba Patarroyo provocó que no pudiera devolver los préstamos que solicitó para su investigación. En consecuencia, el BBVA embargó a Patarroyo y a sus laboratorios en enero de 2001. A raíz de la decisión del banco, Patarroyo y su equipo de 160 investigadores abandonaron el instituto y todos los equipos de biología molecular con los que trabajaban.
Pero Patarroyo una vez más, insistiendo, continuó con sus trabajos. Pudo rescatar del embargo 26.000 moléculas y 48.000 sueros de investigación con los cuales siguió trabajando. Hoy, la efectividad de su vacuna contra la malaria ya se ha demostrado en el 95% de los casos, pese a que su inclusión en los sistemas sanitarios está estancada, pese a esta información y frente a la próxima distribución de la segunda vacuna, cuyos experimentos han demostrado una efectividad menor. Aunque el banco aseguró que buscaría fórmulas para no detener los avances científicos de Patarroyo, el nuevo revés provocó un frenazo, aunque finalmente pudo proseguir con esos estudios, eso sí, tras un paréntesis de tiempo insalvable.
Ahora, las discusiones sobre el nuevo hallazgo de Patarroyo ya están en marcha... Las discusiones científicas. Sin embargo, el interés por poner en marcha su aplicación no parece algo prioritario para la Organización Mundial para la Salud.
Es triste pero sus hallazgos no son rentables y en su negativa a ceder la patente a la industria farmacéutica podría estar la clave de que Patarroyo no sea hoy, seguramente, un Premio Nobel".
