Los derechos de una persona nunca acaban donde comienzan los del prójimo. Este planteamiento vale para el colegio, cuando hay que explicar a niños pequeños lo que es el respeto y la convivencia. El día a día nos demuestra que las libertades de los ciudadanos siempre se solapan, se cruzan, se mezclan, que sus límites se diluyen en fronteras poco claras.
La Ley Antitabaco de 2006 es una norma que considera que 10 millones de ciudadanos adultos fumadores son menores de edad que precisan del tutelaje del Estado. Estos 10 millones han visto, con la ley, amputados sus derechos cuando no era necesario para defender el derecho del no fumador. Antes que la prohibición, había soluciones intermedias, como las salas de fumadores en los centros de trabajo, que hubieran dado acogida al derecho de todos, fumadores y no. No hacerlo trasciende de la voluntad del Estado de proteger la salud de los no fumadores a una política de acoso y persecución del fumador impropia de un sistema democrático. Los estados de derecho, como el nuestro, han de velar por la salud pública, como dice la Constitución, sin inmiscuirse en la salud privada. La fórmula correcta son medidas positivas: campañas de información y de concienciación, pero no políticas de acorralamiento que lo que buscan es obligar a los ciudadanos a tomar decisiones que sólo a ellos competen.
Javier Blanco Urgoiti,
portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia
Publicado en el boletín del Centro de Documentación de Drogodependencias del Gobierno Vasco, enero de 2009, nº158
Comentarios
Azucena
16/11/2010
Yo tengo dos males malísimos. Por un lado, soy fumadora, por otro lado soy hostelera. Por lo tanto me afecta muchísimo esta ley.
Como fumadora, tengo que decir, que jamás en los 53 años que tengo, he tenido que acudir a ningún centro médico, por nada ralacionado con el tabaco. Por lo que no he supuesto ni un céntimo a la seguridad social.
Como hostelera, estoy indignádisima con una ley que afectará a "mi" negocio. Si el negocio no es mío, propongo que el gobierno me devuelva lo que he invertido en él, y que me indemnice por todos mis sacrificios para sacarlo adelante. Porque no entiendo que un negocio privado se considere lugar público. ¿Público??????????? Supongo que es porque entra público, pero juro por lo más sagrado que nunca he obligado a nadie a entrar en él.
Enteraros vosotras, y que se enteren los políticos, que los bares vivimos de los fumadores. Y los no fumadores que van a los bares, no se quejan del humo, porque el humo estaba antes que los bares.
Los no fumadores que se quejan, jamás pisan un bar. Por qué? Porque están empeñados en vivir eternamente. Así que ni beben, ni fuman, ni jo.... Y como no tienen nada que hacer, pues se dedican a joriviar a los demás y a no dejar vivir a nadie
Qué pasaría si dejásemos todos de fumar? Eso es lo que deberiamos hacer, y los millones que nos saca el gobierno a los fumadores, que lo pongan en impuestos que tengan que pagar también los no fumadores.
Hasta las narices estoy ya de tanto hipócrita en éste país!!
Que me dejen en paz!! Que quiero fumar, que quiero beber y quiero hacer lo que se me ponga en las narices.
Y si hasta ahora he respetado a los que no fuman, ahora ya me lo estoy planteando. A ver si al final vamos a acabar todos a leches. Porque ya está bien de tanta chorrada.
En mi pueblo hay una empresa de fundición, donde cobran más por toxicos que de sueldo. Salen todos negros y con la saliva negra, que da asco verla. Y les prohiben fumar en la fábrica?????????????? Por favor, un poco de formalidad.
Pais de payasos!!
Ayma
07/01/2010
Extracto del libro "50 Mitos del tabaco", de Rodrigo Córdoba y Encarna Samitier, editado por el Departamento de Salud y Consumo del Gobierno de Aragón:
"Si es tan malo ¿por qué no se prohíbe?
Es el mito de la prohibición. Aparentemente, es una idea atractiva porque, si no lo evitamos, el tabaco habrá causado en todo el mundo 500 millones de víctimas entre 1950 y 2050. Ni la suma de víctimas mortales en todas las guerras del siglo XX llega a ese número, lo que
convierte al “cilindro” llamado cigarrillo en un “arma de destrucción masiva” de uso cotidiano. Por eso algunos expertos en salud pública defienden su prohibición total argumentando que el
problema del tabaco no reside en su consumo, sino en su producción. Los defensores de esta propuesta señalan la notable reducción de las enfermedades relacionadas con el alcohol en los periodos de restricción de su oferta a principios del siglo XX. Por ejemplo, durante la restricción del alcohol en París, durante la Segunda Guerra Mundial, el consumo per cápita cayó en un 80%. Las muertes por enfermedades del hígado en los hombres descendieron a la mitad en un año… aunque el frente, por desgracia, se encargó de seguir engrosando la mortalidad por otras causas. Cuando terminó la guerra y el alcohol volvió a encontrarse a libre disposición de los consumidores, la mortalidad por enfermedades hepáticas volvió a las cifras anteriores. Pero en los años 20, la Ley seca en Estados
Unidos mostró el fracaso que supondría prohibir totalmente productos como el alcohol o el tabaco. A pesar de que el consumo de alcohol y las enfermedades derivadas descendieron, se pagó un altísimo precio social por la delincuencia y la crisis social que se desencadenó.
Para la mayoría de expertos mundiales en la lucha contra el tabaquismo, la prohibición total no es viable. Pese a esto, una de las líneas argumentales de la industria el que el objetivo
final de los promotores de la regulación es “prohibir totalmente el tabaco”. Pero en ninguna legislación nacional surgida por ahora en más de 40 estados (y muchas regiones de otros) se propone una “prohibición total” del tabaco, sino medidas reguladoras que inciden mucho en los espacios públicos libres de humo. Sin embargo, los manuales de comunicación de la industria tabaquera recomiendan utilizar la retórica de la prohibición “por ser un instrumento eficaz para oponerse a las medidas antitabáquicas” (Saloojee Y, Dagli E. Tácticas de la industria tabaquera contra las políticas de salud pública. Organización Mundial de la Salud, 2001).
Lamentablemente, algunos lanzan al aire esta pregunta sin ser conscientes de los intereses a los que sirve. No es una pregunta inocente. La intención de la industria tabaquera es muy clara. Se trata de presentar a la OMS y a los gobiernos que hacen regulaciones estrictas del consumo de tabaco como fanáticos. Pero en realidad estos gobiernos están proponiendo limites responsables y razonables a la venta, distribución, publicidad, promoción y consumo de un producto legal (también las armas de fuego son legales), pero que cada año mata a millones de personas en todo el mundo. Actualmente, la mayoría de expertos de la Organización Mundial de la Salud y del Banco Mundial consideran poco probable que una prohibición del tabaco fuera factible o efectiva. En primer lugar, cuando se prohíbe una sustancia, su consumo sigue siendo amplio, como sucede con la mayor parte de las drogas ilegales. En segundo lugar, la prohibición crea su propio conjunto de problemas porque tiende a favorecer la actividad delictiva y genera un aumento de los costes de seguridad y policiales. En tercer lugar, es poco probable que la prohibición total sea políticamente aceptable en la mayor parte de los países.
Le regulación del tabaco en España no prohíbe el consumo ni la venta de tabaco ni limita el derecho genérico a fumar en el ámbito privado ni en los espacios al aire libre. Pero los sectores económicos que se oponen a las regulaciones se empeñan en afirmar que la ley es prohibicionista y coercitiva. Ni un sólo párrafo de la ley hace un juicio moral sobre el hecho de fumar o no fumar ni se insinúa ninguna intrusión en el ámbito privado. La ley sólo hace referencia
al dónde y al cuándo se fuma, no al hecho de fumar o no. Cuando un político o un personaje público se hace este tipo de preguntas públicamente, ignora que la lectura que muchos fumadores van a hacer es: “Si no se prohíbe, no será tan malo”. El resultado es que muchos fumadores resuelven su ambivalencia continuado con su conducta de fumar a pesar de que a dos de cada tres fumadores les gustaría abandonar el tabaco definitivamente. En realidad, esta propuesta consiste en una solución inviable, un canto de sirena, para que todo siga igual. Algunos políticos argumentan que se debe conciliar el derecho de los fumadores y el de los no fumadores y que el tabaco es un producto legal. Ambos argumentos son propios de la industria tabacalera que ha dedicado mucho dinero a inyectarlos en la sociedad. Sabemos perfectamente que conciliar los derechos de fumadores y no fumadores en espacios públicos cerrados es virtualmente imposible. Los políticos deben tomar una opción y sólo hay una compatible con la salud. El tabaco es legal porque sería un problema declararlo ilegal no porque sea merecedor de ello. El tabaco no se puede prohibir por una sencilla razón: sus efectos nocivos y perjudiciales se han admitido de forma universal casi un siglo después de que fuera un producto legal de amplia difusión, cuando ya había millones de consumidores en todo el mundo. Sin
embargo, con la información científica disponible sobre sus efectos nocivos, ningún país democrático hubiera autorizado la comercialización de ese producto. Por las mismas razones ni el cannabis ni la cocaína ni otras drogas serán jamás legalizadas para uso lúdico por un estado democrático y responsable. Eso no excluye aprovechar sus usos medicinales si es que realmente los tuvieran.
Actualmente todos los expertos coinciden en que el control de la epidemia de tabaquismo sólo es posible mediante una actuación integral sobre la demanda de tabaco no sobre la oferta. La posición más razonable está, como casi siempre, en el punto medio: ni permisividad total ni prohibición total. Es decir, regulación estricta desde la óptica de la salud pública de la producción, venta, distribución, publicidad, promoción y consumo. Esto permitirá una reconversión gradual y poco traumática de la industria del tabaco desde la fase de producción a la de venta detallista sin que se genere pérdida neta de empleo. En los próximos años, la mayoría de países del mundo, con el apoyo del Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se incorporarán a estas regulaciones en beneficio de la salud pública."
Ayma
07/01/2010
Te equivocas, el gobierno no "se lucra", gasta el doble en sanidad y gastos sociales relacionados con el tabaquismo de lo que ingresa en impuestos del tabaco. Si no fuera así, créeme que no estarían intentando limitar el impacto del tabaquismo por mucha gente que matara. En cuanto al mito de "por qué no lo prohíben si es tan malo", voy a intentar contestarte aquí pero es muy largo, no sé si me lo publicarán. Para contestarte con propiedad voy a citar del libro "50 mitos del tabaco", editado por el Departamento de Salud y Consumo del Gobierno de Aragón y escrito por un médico y una periodista ex-fumadora (en otro comentario).
Carolina
05/01/2010
el tabaco no solo afecta a la industria de la tabacalera, te olvidas de que el gobierno también se lucra de ello. Y si tan malo es, Porqué no lo han prohibido como la Marihuana?? El tabaco también mueve mucho dinero..
Ayma
05/01/2010
@Carolina: Ah, el bonito argumento de la contaminación de los coches, me encanta ;) A ver si te lo puedo explicar para que lo entiendas:
1) no tiene nada que ver. Es como intentar justificar que has pegado a alguien en el recreo del cole porque tu profe pega a los niños en clase. Aunque tengas toda la razón del mundo no te autoriza a hacer más daño tú. ¿Quién os ha enseñado lógica?!?
2) Los coches son, hoy por hoy, tristemente imprescindibles para la economía mundial y el funcionamiento de la sociedad. Mientras se mejoran los motores con tecnologías alternativas habrá que conformarse con el motor de explosión y lo que conlleva. Sin embargo el tabaco no sirve para nada, la única industria a la que interesa es a la tabaquera.
3) No se trata de prohibir nada, sólo de sacarlo de los lugares donde afecta la salud ajena. Que yo sepa los coches no entran en lugares públicos cerrados.
4) Yo no tengo coche, siempre voy en transporte público.
5) Es otra lucha diferente, ¿qué tiene que ver la velocidad con el tocino?
En cuanto a las cremas, sí están reguladas. Y aunque te pongas kilos tú, no afecta para nada a la salud de los que te rodean, que es el problema del tabaco.