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03/09/2010
Que alguien llame a la policía (hay un señor fumando)
A riesgo de desviar (temporalmente) el debate de lo que verdaderamente interesa, las enmiendas presentadas por las sociedades médicas farmacéuticas son dignas de chascarrillo y vilipendio, más teniendo en cuenta que han sido ellos los que han redactado la ley que ahora pretenden enmendar.
Son, sin duda, una cortina de humo: dan por ganado el terreno, y derrotas mucho más amargas se han visto con el partido mucho más ganado (que se lo digan al Atleti) y, por eso, plantean unas enmiendas que rozan el absurdo, que van más allá de la radicalidad, para que lo que pretenden que se apruebe en el Congreso, la ley antibares, parezca templado y razonable.
De todas esas enmiendas fantasma, la que más me gusta es la de prohibir fumar en todos los espacios al aire libre donde tengan acceso menores… La calle cumple esos requisitos: es un espacio al aire libre y los menores tienen acceso. Los estadios de fútbol podrían ser otro, siempre y cuando no esté en el palco Pérez Rubalcaba, claro, o Jaime Lisavetsky. Siempre se puede redactar una enmienda para dar cabida a este caso particular que impida el acceso de menores a los partidos de fútbol cuando miembros del gobierno acudan ¿o acaso vamos a invitar al ministro del Interior a saltarse la ley?
Pero lo más gracioso de la enmienda a la radicalidad presentada por las sociedades “científicas” patrocinadas por McNeil, Glaxo, Novartis y Pfizer es lo de “llame usted a la policía que hay un señor fumando”. Supongo que parte de la brigada antiterrorista de la Guardia Civil podría dedicarse a vigilar las partidas de mus de los bares, no vaya a ser que haya alguien fumando. Me reiría si no me diera auténtico pánico que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado se convirtieran, de nuevo, en las fuerzas del orden.
Vamos camino de la creación de una nueva fuerza del orden, la brigada sanitaria de la policía, que va a vigilar que los hábitos de los ciudadanos sean saludables, al estilo de lo que entienden por salud las sociedades “científicas” sostenidas por la industria farmacéutica. Yo ya me estoy imaginando la escena: un despliegue policial espectacular, coches atravesados con las sirenas puestas, guardias parapetados detrás de las puertas abiertas de los vehículos, apuntando al interior del McDonalds. Un señor ha llevado a sus hijos dos días seguidos a comer comida basura.
-- Habla la policía. Está usted rodeado. Tire al suelo el paquete de cigarrillos y el mechero y salga con las manos en alto.
Sería de risa, sino fuera de miedo.
Javier Blanco Urgoiti
Portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia
