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06/07/2010
Una estrategia global
La globalización es como la Teoría del Dominó: lo que se ensaya con éxito en un país, se implanta inmediatamente en el de al lado, independientemente de las idiosincrasias y aprovechando a tope las sinergias (ese palabro que niega la básica matemática, gracias al cual hoy sabemos que uno más uno siempre es uno). Lo que vale en el Reino Unido o en Irlanda, vale en España, y se cataliza a través de la OMS:
Observen este anuncio. Recordarán la versión en castellano, un poco más corta, porque en España no se le ve al sujeto uno (el que lo está dejando) darle al sujeto dos (el “gone with the wind”) el tabaco. La estrategia global contra el fumador, puesta en marcha por la OMS, tiene tres patas, entre las que la fundamental es la reducción al máximo del espacio en el que fumar está permitido. Esta estrategia, reflejada en el Convenio Marco de la OMS contra el Tabaquismo, aprobado en la Asamblea y refrendado, entre otros, por el Parlamento Español, no habla en este punto de “protección del derecho del no fumador”, sino de “reducción al máximo del espacio al fumador”, conceptos no necesariamente opuestos. Hoy, que gracias a la pandemia de Gripe A, todos sabemos qué es la OMS y quién la maneja para sus fines comerciales, debemos poner en duda todos sus acuerdos, mandatos y consejos, cuando no exigir su refundación.
La idea básica del anuncio no es que el sujeto uno lo esté dejando gracias a los chicles de nicotina, sino que hay dos fumadores en un espacio en el que está prohibido fumar, que fuera está cayendo la del pulpo y que el fumador listo, el que ya fumará en su casa, donde todavía está permitido, consume chicles de nicotina para quitarse la ansiedad en ese espacio, cada vez más grande, en el que no está permitido encender el pitillo. Mientras que al otro, por no consumir chicles de nicotina, se lo lleva el viento. Fíjense si es contradictorio con la falacia que esgrimen sus voceros en los medios: sólo hay una forma de dejar de fumar, cortar por lo sano (no gradualmente), un solo cigarrillo ya crea adicción…
Como fumador, aunque empiezo a estar acostumbrado a que me consideren un residuo social, este anuncio me ofende. Lo primero, porque yo soy perfectamente capaz de aguantarme sin fumar hasta que amaine (que una tormenta así no dura tanto); segundo, porque si, en vez de tormenta, hiciera un sol espléndido, sospecho que saldrían los dos a fumar (recuerdo que, según el anuncio, el sujeto uno sigue siendo fumador); tercero, porque si hubiera espacios para fumadores en los centros de trabajo, cosa que respeta siempre y en todo momento el derecho del no fumador, nadie tendría que salir a la calle con la que está cayendo; y cuarto, y fundamental, porque en España, hasta que acaben con ello, todavía puedes dar dos pasos más allá y tomarte un café y fumarte un pitillo en el bar de al lado.
No lo duden: esta guerra no va de la protección del no fumador, sino del achicamiento de espacios para los fumadores, para que se vean obligados a consumir chicles, parches e inhaladores de nicotina, fabricados por Novartis y McNeil (Johnson & Johnson), a ser posible cofinanciados por la Seguridad Social. Al mismo tiempo, la competencia de la nicotina sin humo (el tabaco de uso oral o los cigarrillos electrónicos) son sistemáticamente atacados, cuando no prohibidos, gracias al lobby farmacéutico y sus voceros “científicos”. Es el caso del snus, que es tabaco sin humo, para chupar, ya está prohibido en toda la UE excepto en Suecia, donde está demasiado implantado como para prohibirlo y que es la razón de que en Suecia haya un nivel tan bajo de fumadores, aunque el snus lo consume un porcentaje elevadísimo de hombres. ¿Por qué? No es fumar, está claro, pero consumir chicles de nicotina, tampoco es fumar, y sí es una opción más para consumir tabaco sin molestar al de al lado.
Hace poco tuve la oportunidad de hablar con Gerry Mellet, que es el presidente de la VFI, Asociación de Pubs de Irlanda, y que representa a los propietarios de pubs (Vintners) de 25 de los 26 condados de Irlanda (todos, excepto Dublín). Mellet, que es propietario de un pub rural en Ardattin, me dijo, textualmente, dos cosas que me hicieron barruntar la posibilidad de traérmelo a España de alguna manera:
-- Cuando le dije que en España se decía que a los pubs irlandeses no sólo no les había ido mal con la prohibición de fumar, sino que habían ganado más dinero, directamente soltó una carcajada, tildó esa afirmación de “basura” (“rubbish”) y, ya serio, dijo: “La prohibición de fumar ha devastado mi negocio”.
-- Cuando le conté que esta afirmación se basaba en la creencia de que, cuando esté totalmente prohibido fumar, los no fumadores volverán a los bares, él respondió: “Lo mismo se decía en Irlanda. El ministro de Sanidad dijo: la gente “decente” volverá a los pubs cuando esté totalmente prohibido fumar, pero, primero, eso no ha ocurrido y, segundo, mi clientela, en general ,es gente muy decente”.
Pensé que entrevistar a Mellet sería una buena idea, porque me contó la manera en que se había implantado la prohibición total de fumar en Irlanda en el trabajo y en la hostelería y es un calco de lo que están haciendo en España, sólo que ellos ya están en la siguiente fase, porque esto, amigos fumadores, no va a parar aquí. ¡Ni lo piensen! La globalización hace que las multinacionales farmacéuticas sigan exactamente el mismo guión estratégico que ha tenido éxito en Irlanda en todos los países que les sea posible hacerlo. Ahora, paso por paso, está imponiendo en España lo que lograron con éxito en Irlanda y con casi total éxito en el Reino Unido hace unos años, y que ya intentaron en España en 2005.
Exactamente las mismas falsedades. Ni más ni menos. Y Mellet dice que él no quiere que en su pub se vuelva a fumar, lo que no entiende es por qué no puede habilitar un espacio para sus clientes fumadores en su local, si eso respeta los derechos de todos. “Smoking facilities” se dice en inglés y nunca mejor dicho, frente a las “smoking difficulties” que, con malas artes, está tratando de imponer el Ministerio de Sanidad, porque este debate no pretende proteger al no fumador, sino poner dificultades para fumar, tomar la decisión de dejar de fumar en nombre de los ciudadanos. Y para eso, todo vale (no se pierdan el minuto 2:20 de este vídeo):
Como digo, la estrategia global no se detiene aquí. Ahora hay que justificar, y pronto lo veréis, la desaparición de los espacios específicos para fumadores. Esto está a punto de venir a España y casi causa risa. El otro día me lo soltó un médico en un debate en Televisión Española y yo, en vez de rebatirlo, le animé a que lo dijera más veces, porque cuando se extienda este argumento, la inmensa mayoría de las personas, que son mucho más inteligentes de lo que estos “científicos” piensan, les va a decir: “¡A otro perro con ese hueso!”.
Pero, en Irlanda parte de la siguiente fase de prohibiciones ya ha tenido éxito y esto es lo que digo que vendrá a España, tarde o temprano, cuando terminemos esta fase en la que estamos ahora. En Dublín está prohibido fumar en la entrada del aeropuerto. Pero no sólo eso, sino que, además, hay una zona acotada, fuera y retirada de las puertas, donde los fumadores tienen la obligación de entrar si quieren fumar. No vale con fumar lejos de la puerta. No. Hay que entrar en el corralito. ¿Y quién paga el corralito y con qué publicidad?

Evidentemente, muchos se pasan el corralito por el alma, pero eso no importa. Lo que me llama la atención es el lema de McNeil en estas vallas: “Para cada cigarrillo, hay un Nicorette”. No significa, “Deja de fumar que es salud” ni “No fumes que perjudicas al de al lado”, porque sólo faltaba ya, una vez dentro del corralito exterior. Significa: allí donde no puedas echarte un pitillo, tómate un chicle y ya fumarás en casa.
Javier Blanco Urgoiti
Portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia
