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14/07/2010
Una ley antibares
Aunque la prensa bautizó a la ley 28/2005 como Ley Antitabaco, el Club de Fumadores por la Tolerancia nunca vio en su texto una sola medida contra el tabaco, y sí prohibiciones, muchas prohibiciones, la mayoría innecesarias para proteger el derecho de los no fumadores, por tanto, prohibiciones en contra los fumadores y, por eso, siempre la llamamos Ley Antifumadores.
Ahora Trinidad Jiménez plantea la prohibición total de fumar en hostelería, algo innecesario y no reclamado por casi nadie. Incide la reforma en esa política antifumadores, despreciando cualquier tipo de medida intermedia, que las hay, que pudiera respetar los derechos de todos, pero, además, ataca a la yugular de un sector, sobre todo uno: el de los bares pequeños, especialmente aquellos que son casi de “subsistencia”.
Por eso, aunque seguimos pensando que ésta es una Ley Antifumadores, con su reforma, podíamos ampliar su epíteto a Ley Antibares, y acertaremos.
Discutía yo, un día, en una radio con una representante antitabaco (antifumadores), una persona tan radical que no es que no quiera que se fume a su lado, es que no quiere que se fume en ningún sitio y que hoy pretende ser la voz que defiende los derechos de los camareros (aunque los camareros no se lo hayan pedido).
Ella pretendía convencerme de que, con la prohibición total de fumar en los bares, los 35 millones de no fumadores que hay en España iban a volver al bar, porque en su planteamiento, tan radical como simplista, tan demagógico como falso y grandilocuente, el mundo se divide en dos: los que fuman, que frecuentamos los bares, y los que no fuman, que en sus ratos de ocio frecuentan… No sé… Los museos.
Yo, anonadado por el peso abrumador de este razonamiento, repaso mentalmente a mis familiares, amigos y compañeros y encuentro que debe de ser gente de lo más raro, porque la mayoría de ellos no fuman y, aunque visitan museos, porque tienen inquietud, cuando no quieren más que pasar un rato agradable, tomando una caña, van a los bares, donde pareciera que estamos parapetados los fumadores.
Y, en general, no les importa si me fumo un cigarrillo, por cierto.
Ese mismo planteamiento fue el que hizo el gobierno de Irlanda, cuando le dijo a los propietarios de los pubs: “Estad tranquilos, que con la prohibición total de fumar, la gente decente volverá a los pubs”. Pero no ocurrió nunca: la gente decente, en Irlanda, se ha quedado en el museo.
Con un poco más de rigor, el que le proporciona ser profesional de la hostelería y haber estado horas y horas detrás de una barra, de lunes a lunes, domingos y festivos incluidos, un propietario de un bar de Zaragoza, me dijo:
-- Yo no sé qué cuentas ha hecho la ministra cuando dice que vamos a ganar más dinero…
Ninguna cuenta, apostillo yo, a pesar de que debiera plantearse hacerlas.
-- …pero lo realmente difícil de este negocio es que la gente entre al bar y, con esta ley, les estamos poniendo impedimentos para entrar y razones para salir y marcharse.
No hace falta ser un lince para darse cuenta de que la mayoría de los fumadores vamos a encontrar dificultades para tomar el café de media mañana, para echar la partida o para ver el partido de fútbol en el bar, más cuando estas dos últimas actividades requieren invertir un tiempo considerable en un espacio en el que va a estar prohibido fumar. Los que comen habitualmente fuera de casa, de menú, no van a dejar de ir, pero, si no les dejan fumar, no se tomarán dos cafés (uno y rápido que hay que ir a la calle a fumar). Mientras, los no fumadores, como han hecho siempre, se acoplarán a las necesidades de los fumadores, no porque nosotros se las impongamos, sino porque son nuestros amigos.
Este tipo de actividades que, normalmente, se llevan a cabo en bares pequeños. Son negocios familiares que no suelen tener empleados, que los atienden los propios dueños que han decidido dedicarse al bar y que conforman la inmensa mayoría del tradicional bar español. Estos son los que van a pagar el pato. Porque, aunque la ministra se empeñe en tapar el sol con una mano, los clientes de los bares sabemos qué vamos a hacer: acudir o consumir menos en los establecimientos. ¿Y quién, dentro del sector Horeca, se está frotando las manos con la prohibición total de fumar en restaurantes? Pues las multinacionales de comida rápida y el reparto a domicilio.
Javier Blanco Urgoiti
Portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia
